Tuesday, May 02, 2006

casa nueva, vida nueva

El último tiempo ha estado BIEN raro. O mejor dicho, bien ocupado, porque ha estado bastante menos raro de lo que yo pensaba que podía estarlo. La razón es que hubo un cambio en el equipo. Sale el número 1966, la casa en la que nací y he vivido toda mi vida. Entra el 2557, el departamento de la mitad del tamaño (no se engañen, sigue siendo gigantesco) en un sexto piso. Y así no más.

Bueno: ahora tengo pieza. Pasé de ocupar el saloncito raro y enorme de la manzarda de mi casa a una pieza propiamente tal con, entre otras martavillas del mundo moderno, una puerta que (cachen esto) le lleva hasta llave. Mi privacidad salta de alegría.

Malo: todavía no encuentro una de las cajas de mi pieza, en la que venían algunas posesiones con cierto valor personal (bastante personal en verdad, no lo entenderían), y ya ha pasado casi una semana desde el traslado oficial.

Bueno: tengo terraza al aire libre que es mía y sólo mía en la que están todos mis hermosos cactus a los que a ratos creo que estoy matando lentamente por ahogo. Es terrible en verdad. Quizás debería ser bueno y malo, pero tener una terraza es tanto más bueno, que no, está bien donde está.

Malo: no tengo ni televisión por cable, ni internet, ni teléfono fijo. Hasta el momento funcionamos con teléfonos celulares, televisión abierta (que es soprendentemente escasa) y ... bueno, no hay sustituto para internet. Yo, en pleno síndrome de abstinencia, me aprovecho de la buena voluntad de la católica y de mis numerosos módulos libres para entregarme a lo mío.

Bueno: tengo miles y millones de ventanas con vecinos (y vecinas) a los que espiar desde mi ventana. El pequeño voyerista que tengo dentro mío (y que todos tenemos, no me miren con esa cara) no puede contenerse y crece a ratos.

Malo: mis vecinos (y vecinas), con años más de práctica que yo en esto de vivir en un edificio, deben de haber visto a estas alturas muchas más cosas interesantes que yo, que la verdad es que no he visto nada.

Apenas pueda hacerlo subiré una foto de mi pieza y de mis hermosos y moribundos cactus (no cacti como quieren hacernos creer un par de pedantes anglófilos pseudo latinistas que andan por ahí, pululando por las esquinas)*. A ver si alguno de ustedes se interesa.

Hasta el momento eso. Mi departamento, con todo lo malo que puede tener y con todo lo mucho que debería molestarme (como se supone que soy malo para los cambios) me gusta y me hace sentir en casa. Extraño.

Hasta la próxima entrega, eso sería.

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* Por más que lo pienso, creo que mucha gente podría definirme a mí como un pedante anglófilo pseudo latinista. Sólo miren esa "p" en "pseudo". Qué terrible.